LA CONAIE condena la masacre al pueblo boliviano

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, condena la masacre al pueblo boliviano ejercida desde la fuerza policial y militar, amparada con el decreto de Jeanine Áñez, mandataria autoproclamada impunemente, que exime de responsabilidad penal a los militares por sus acciones en la represión hacia los manifestantes. Este decreto constituye una violación a los estándares internacionales de derechos humanos y promueve en el ejercicio de la violencia una “licencia para matar”, es urgente poner fin a estos escenarios criminales contra el pueblo boliviano.

Instamos a los Organismos de Derechos Humanos Internacionales a actuar frente a las graves vulneraciones a los DDHH que acontecen en el hermano país de Bolivia, solo el último viernes, 15 de noviembre, en Cochabamba murieron 9 personas, 115 resultaron heridas y otras 200 fueron detenidas en el contexto de la represión, el uso excesivo de la fuerza militar y policial ha dejado hasta el momento 24 fallecidos y cientos de heridos. De la misma manera, denunciamos el cerco mediático y la vulneración al derecho a la información y al trabajo periodístico que se impone para ocultar todos estos hechos.

El Estado Plurinacional de Bolivia se consolida bajo los procesos lucha de los sectores sociales, indígenas, campesinos, obreros, trabajadores mineros, urbanos, quienes mediante los históricos levantamientos lograron, a través de la consulta popular, declararse Estado Plurinacional, este precedente no hubiera sido posible sin la fuerza del pueblo Aymara y el hermano Evo Morales, dirigente sindical, campesino cocalero, quien desde abajo, representando a las clases empobrecidas de Bolivia posibilitó muchas reivindicaciones en el campo, en lo social, lo político y cultural.

La CONAIE reconoce este legado histórico y rechaza los mecanismos por los cuales la ultraderecha boliviana se aprovechó de los errores cometidos por el Gobierno de Evo Morales para imponerse bajo la represión y la violencia, evidenciando con ello toda una agenda de trabajo en común que se venía gestando entre las élites económicas de Bolivia, en trama con los medios de comunicación hegemónicos y la política intervencionista del FMI, para nuevamente por medio del ejercicio del terror, el odio y la discriminación intentan enquistarse como referentes de la democracia.

Bajo este contexto nos indigna enérgicamente la quema, arrastre y denigración de la wiphala, bandera indígena y símbolo de vida y lucha de los pueblos de América, así como la activación de la violencia sistemática, el odio y racismo extremo impuesto, sobre todo, hacia las mujeres indígenas y todo el pueblo boliviano; denunciamos la intromisión de la iglesia fundamentalista y ortodoxa en asuntos políticos utilizando la Biblia para legitimar, tal como hicieron en la época de la colonia, la violencia y el exterminio hacia los pueblos y nacionalidades indígenas.

Las movilizaciones en América Latina, de Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, y diferentes partes del mundo, nos llama a una profunda reflexión, pues son la muestra de una continua disputa entre los gobiernos neoliberales y progresistas, mientras el pueblo pone los muertos, y las élites, nacionales y trasnacionales siguen enriqueciéndose aún más a costa de la explotación del ser humano y la naturaleza. Evidencian también la conciencia y memoria de los pueblos que rechazan las recetas del FMI, los recortes del gasto social, la restricción de derechos laborales, la falta de empleo público, los subsidios, entre otras tantas imposiciones de los gobiernos, y la reacción de las élites político-económicas ha sido la violencia y muerte para nuestros hermanos. Nos solidarizamos con el hermano pueblo Bolivia, con su lucha legítima y con todos los pueblos de América Latina que están despertando el clamor de voces que no están dispuestas a doblegarse ante la arremetida fascista y neoliberal, los que deciden no son los de arriba, tal como lo ha demostrado dignamente el pueblo ecuatoriano, el que manda es el pueblo unido.

 

Jaime Vargas

PRESIDENTE DE LA CONAIE